La rosa inmortal

Inútil es el deseo de mantener la rosa viva cuando se curva y muere sobre su tallo. Aunque rota, triste no la verás. Sé paciente y espera a cuando el ultimo pétalo caiga. Volará y el poeta la recibirá delicadamente en su alma. La convetirá en inmortal, como una gran historia de amor. Porque una historia de amor jamás muere. Al igual que el álma de la rosa tampoco morirá... Vivirá por siempre, en el alma del poeta.

A fuego lento

Te tengo debajo y me maravillo de la luz que desprendes. En este frotar de volúmenes beso tus mejillas a saltos y mis labios se impregnan de ti. Esa carita tuya me desquicia, me atormenta, me enloquece. Mirándote tan de cerca no veo más que tu boca, tan perfectamente dibujada.

Tus palabras, tu interés, tu querer hacer con esmero y yo tan impaciente, volcán esperando al momento idóneo para explotar gritando, deseando beberme tu amor de un trago. Me calmas con sapiencia, me mimas y me llevas a terrenos cálidos donde disfrutar del saborear lento hasta consumirnos lentamente.

No te vayas hasta que no descubra tu secreto.

Perdida en (tus) contradicciones

No hay nada más complicado que vivir en la eterna contradicción de los miedos. Como querer robarle el compromiso a un infiel con la inocencia de una niña o volver a buscar la inspiración entre las cartas que te escribí y nunca leíste. 

Que por si lo has olvidado la bala que te vuela el corazón es la misma que te hace abrir las piernas y las manos que te arañan los días también te arañan la espalda, y a eso es más jodido resistirse.

Pero no todas las mentiras saben a sal; algunas son tan dulces, y se mueven con el contoneo de una verdad universal.

No juegues así conmigo, porque si te vas no pediré perdón por pedir que te condenen a dedicarme todas tus dudas, tus borracheras, tus "que hubiese pasado si..", y tus pastillas para dormir.

Eres fuego

No sé cuantos golpes encajé, tal vez una docena, o quizá llegaron a veinte. Mantener la consciencia tras los golpes es complicado, y, predeciblemente, caí derrotada. Absorbida por la espiral que yo misma creé de forma inconsciente y ahogada en nicotina era evidente que mi final no estaba muy lejos.

Te prendí fuego, eras tú o yo, y jamás me permitiría volver a pisar el infierno de nuevo. Lo siento, pero en esta batalla solo puede quedar uno en pie, y esta vez es tu turno.

Te convertí en lo que yo fui durante años, unas grises y tristes cenizas, polvo, nada. Y entonces lo entendí todo. Pese a ser mi compañero eras un asesino, eras mi asesino. 

Mi hobby favorito

 

Pensar a veces también es un suicidio.

Ven, que no te recuerdo

No recuerdo tu mirada de ojos brillantes color avellana que himnotiza mis sentidos a la luz de las velas. No recuerdo tus besos en la frente que huelen a protección por las mañanas y a dulzura intensa justo antes de la siesta. No recuerdo tus sonrisas en la oscuridad que recorren mis mejillas después de un suave mordisco.

No, no recuerdo las cosquillas que me haces mirando al mar, ni tu obsesión de abrazarme con todo el cuerpo para que no pueda escapar como si quisiera hacerlo. No logro recordar tu manía de reírte de mis pucheros, ni los eternos besos de despedida antes de que coja ese tren que me aleja de ti. No consigo que mi memoria se acuerde de tus caricias y tu felicidad al pasear de mi mano cuando la calle estaba repleta de gente.

Lo siento, he de serte sincera, no te recuerdo, por eso... Ven.