El día parecía hecho de una materia distinta, más lento, más tibio, como si el tiempo hubiera decidido detenerse en la curva exacta donde dos cuerpos se encuentran y dejan de ser extraños. Nos buscamos como quien regresa a casa después de un largo viaje. No había prisa. Pero sí ganas. Las suficientes como para prender el mundo y arder con él.
Sentí cómo el deseo crecía despacio, como una marea paciente que avanza sin hacer ruido y termina cubriéndolo todo. No era un incendio repentino, sino un fuego antiguo, sereno y profundo. La piel hablaba un idioma que ambos comprendíamos perfectamente, un lenguaje hecho de estremecimientos, suspiros y silencios compartidos. El lenguaje del placer.
Yo siempre vuelvo a ese día. Tengo tu mirada clavada en la memoria. Una mirada de deseo, de pasión. Me acaricias la pierna, fugaz, pero suficiente para comenzar nuestro arte. Te muerdo para que sepas que no vas a morir de mí, no te librarás tan fácilmente. Te enciendo, me enciendes. Tus manos danzan por mi cuerpo y las mías aterrizan en tu centro de gravedad. Está grande. Ojalá dentro de mí. Pronto, pienso. Me pasas el brazo por el cuello para salvar las distancias pero no me vale, necesito estar más cerca de ti, o en su defecto, encima. Como aquella vez. Aquella vez en la que nuestros cuerpos se conocieron por primera vez sobre un reggaeton de fondo. Aquello sí que fue arte, preciso, precioso y peligroso. Encima de ti toqué el cielo y repetí, desafiando al vértigo. Tus movimientos dentro de mí me dejaron fuera de juego. Jaque mate a la reina.
Sin saberlo abrí una puerta hacia el infierno y me tiré de cabeza. Ahora convivo con el mono de la droga que me dejaste probar, deseando que llegue el día en el que la reina ponga en jaque al rey.
Jaque mate
Né
20:42
Juegas como nadie con mis estados mentales.
Caótica
Né
15:05
Te tengo debajo y me maravillo de la luz que desprendes. En este frotar de volúmenes beso tus mejillas a saltos y mis labios se impregnan de ti. Esa carita tuya me desquicia, me atormenta, me enloquece. Mirándote tan de cerca no veo más que tu boca, tan perfectamente dibujada.
Tus palabras, tu interés, tu querer hacer con esmero y yo tan impaciente, volcán esperando al momento idóneo para explotar gritando, deseando beberme tu amor de un trago. Me calmas con sapiencia, me mimas y me llevas a terrenos cálidos donde disfrutar del saborear lento hasta consumirnos lentamente.
No te vayas hasta que no descubra tu secreto.
A fuego lento
Né
11:21
No sé cuantos golpes encajé, tal vez una docena, o quizá llegaron a veinte. Mantener la consciencia tras los golpes es complicado, y, predeciblemente, caí derrotada. Absorbida por la espiral que yo misma creé de forma inconsciente y ahogada en nicotina era evidente que mi final no estaba muy lejos.
Te prendí fuego, eras tú o yo, y jamás me permitiría volver a pisar el infierno de nuevo. Lo siento, pero en esta batalla solo puede quedar uno en pie, y esta vez es tu turno.
Te convertí en lo que yo fui durante años, unas grises y tristes cenizas, polvo, nada. Y entonces lo entendí todo. Pese a ser mi compañero eras un asesino, eras mi asesino.
Eres fuego
Né
10:52
Pensar a veces también es un suicidio.
Mi hobby favorito
Né
13:11
No recuerdo tu mirada de ojos brillantes color avellana que himnotiza mis sentidos a la luz de las velas. No recuerdo tus besos en la frente que huelen a protección por las mañanas y a dulzura intensa justo antes de la siesta. No recuerdo tus sonrisas en la oscuridad que recorren mis mejillas después de un suave mordisco.
No, no recuerdo las cosquillas que me haces mirando al mar, ni tu obsesión de abrazarme con todo el cuerpo para que no pueda escapar como si quisiera hacerlo. No logro recordar tu manía de reírte de mis pucheros, ni los eternos besos de despedida antes de que coja ese tren que me aleja de ti. No consigo que mi memoria se acuerde de tus caricias y tu felicidad al pasear de mi mano cuando la calle estaba repleta de gente.
Lo siento, he de serte sincera, no te recuerdo, por eso... Ven.
Ven, que no te recuerdo
Né
12:07