Primavera

Hay quienes hablan de la primavera teniendo las flores dentro.

415 kilómetros

Tengo sueños en los que apareces
sin conocerte.

Escribo tu nombre en mi piel
salvando así la distancia que nos separa.

Mi razón sabe que pienso en ti
sin saber hasta dónde va a llegar esto.

Necesito tus palabras
sin haber escuchado tu voz.

Imagino nuestro encuentro
en medio de fantasías de luna llena.

Estando a kilómetros
te siento muy cerca.

Quiero que estés aquí
quiero estar allá
quiero que estemos juntos.

El espejo

En casa el espejo cruje una y otra vez recreando los mil rostros de lo que fui en el pasado. Se rompe y cae al suelo, derrotado. Los recuerdos astillados buscan un lugar en mi memoria, aquellos que aman sin dudas y ríen sin prisa...

Otro espejo vuelve a crujir, y yo, sin miedo, lo sostengo contra mi pecho. Dice que no va a hacerme daño 
y esta vez
le creo.

Lección aprendida de enero

No te creas nada del amor. Ríete de él hasta que te haga llorar. Y recuerda, cuando te preguntes algo no apuntes al pecho, apunta a la cabeza. 
El tiro es letal.

El desenlace de mi cuento favorito

Solía pensar que éramos invencibles, y, de hecho, lo fuimos. Caí hipnotizada frente al brillo de tus ojos color otoño como a mí me gustaba llamarlos; y es que vaya veneno me inyectabas cada vez que se posaban sobre los míos. Me gustaba tanto estar entre tus brazos e imaginar que tú eras las alas que tanto necesitaba que hasta vendí las mías al diablo. Me volví adicta al ruido que provocaba tu risa hasta el punto de necesitar una dosis diaria. O moriría. 

Hacía tiempo que no te escribía. Antes solía hacerlo, ¿recuerdas? Tal vez tú me quitaste las ganas. Me di cuenta de que no nos unía nada, nada salvo los recuerdos. Pero cuidado, porque algunos se clavan tanto que parecen espinas, y no te imaginas lo que duele arrancarlos sin que sangre el corazón. 

Sé que de alguna manera fue lo correcto. Ahora lo sé. Porque cuando una sonrisa nace en mí, agradezco esas palabras de despedida que soltamos al aire y recuerdo que en mi vida tú no tienes hueco. Ya no.

Antítesis

Cómo hablar de algo que me mantiene viva
mientras me empuja a la muerte. 

Cómo sentir apego hacia algo que crea tristeza 
y derrumba lo que más quiero. 

Cómo describir algo que solo delata 
mis mil piezas desordenadas 
y acaricia mis cicatrices. 

Cómo mirar a un trozo de papel 
que se queda ridículamente corto 
para medir algo intangible.

Por ahora me entretengo encerrándolo
en unas letras vespertinas.

¿Compensa?